- Una noche me encontraba en el ático de mi casa, debido a que desde hace mucho tiempo, encontré un placer especial en contemplar desde ese lugar la magnificencia de la noche, del placer que fui adquiriendo con la edad de escuchar las maderas crujir, los insectos cantar, las bisagras sonar… Hasta que en un momento preciso de esa noche de verano entendí que en verdad me había vuelto viejo, como aquella casa, viejo como la noche, y que cada noche subía a ese mismo ático para poder soñar junto con mis congéneres sobre los placeres que trae la vida, pero sobre todo de aquello que arrebata la muerte.
- Ha pasado mucho tiempo desde que se ha escuchado algo más en esta casa además de mi atrofiado cuerpo, desde que los pájaros se acercaban y empezaban con su cantó alegre y despreocupado de las mañanas, y con el cuál mi hermana seguía a su vez su rutina de la mañana, hasta despedirse de mi madre con un beso en la mejilla y de mi con un cálido abrazo. El anciano hombre voltea hacía un punto infinito en el espacio, que pronto es transformado en un recuerdo, pero lentamente se vuelve algo tangible; Un recuerdo de algo más allá del jardín, de la noche en que su hermana no regresó a su casa ese día 6 de marzo de 1955, ni el día siguiente. Su cuerpo se mece hacía atrás en la silla haciéndola crujir, sus lentes reflejan la luz de la luna y su mirada se llena de dolor, recordar todo eso es en gran parte, el porqué empezó desde hace mucho tiempo a recluirse todas las noches en el ático, esperando por su hermana, para detectar algo que su amiga la noche pueda decir sobre aquellos tiempos que ahora se han desvanecido.
- Mira el reloj que se encuentra en la estancia del ático y la noche calla, por fin le ha avisado de algo nuevo en las entrañas del bosque, ahora solo queda esperar, pues es 6 de marzo de 2019.
- Rememorando la primera vez que sucedió algo extraño antes de la desaparición de mi hermana fue aproximadamente dos meses antes, cuando por los postes luminarios de nuestras calles se colgaron panfletos de “Se busca”, de tres personas en particular, un anciano que todos conocíamos por ese entonces, el típico señor amargado que gritaba a todo lo que no estuviese dentro de sus regulaciones. Una chica de unos 20s
- que solía servir en el restaurante más próximo a mi casa, y de la cuál nunca llegué a saber su nombre, y un señor que solía ser el bibliotecario, un hombre sumamente sencillo y que regularmente en mis horas libres solía ver cuando pasaba por la biblioteca. 3 desaparecidos, ningún rastro de ellos más que signos de enfrentamiento donde se cree que se los llevaron, y todo en 3 noches seguidas, por lo que para cuando desapareció mi hermana ya todos estaban más que preocupados, se culpaba a la policía por su falta de efectividad, y las noches pasarían a ser más lúgubres de lo normal, para esto cabe aclarar que el pueblo esta rodeado de un espeso bosque, el cuál yo siempre ame, ya que mantenía todo el ambiente fresco y enigmático, aunque de vez en cuando notaba algo en su profundidad, algo que se retorcía.
- Esa noche pude notar un cambió en ella, pero sobre todo en el bosque, como si algo lo estuviese desgarrando desde dentro, y sus fauces intentarán reclamar aquello que antes se encontraba dentro, me asuste demasiado, pues aquello se sentía demasiado instintivo, demasiado primitivo y por lo tanto mortal.
- Después de tantos años que han pasado aún puedo recordar cómo en ciertas ocasiones, pero en especial cuando es el aniversario de la desaparición de mi hermana puedo ver en el pasaje al bosque algo retorciéndose, gente que parece retorcerse a medida que las ramas de los arboles se cuelan en las cavidades de sus cuerpos, y danzan dentro de ellos. Empalados a los troncos, y aún así con vida gimen y se confunde con el viento, pues después de tanta agonía no hay mucho que pueda expresar más el llanto.
- Esto no solo me ha pasado a mí, pero yo soy el único en este pueblo que ha quedado con el pasar de los años, pues a pesar de esas apariciones me sigue fascinando el bosque, y aún guardo la esperanza de volver a ver a mi hermana caminando por la entrada, con su sonrisa de antes… Solo que ahora lo hace, retorciéndose al mirarme.

